Los que lo han visto, y los que no lo ven

Ya he hablado de los peligros de la «línea directa» o el «teléfono rojo». Tomar como directamente venidos del cielo pensamientos o emociones que surgen de repente en el corazón, sin discernirlos antes en la dirección espiritual, es exponerse a toda clase de riesgos.

Como sacerdote, me aterran dos tipos de personas: los que lo han visto, y los que no lo ven. Los primeros se te acercan emocionados a decirte: «Padre, he visto con toda claridad, delante del sagrario, que…». Dejadme deciros que, delante de un sagrario, se pueden ver con toda claridad muchas majaderías. Y si las tomas por venidas del cielo, majadero acabarás. Luego están los que no lo ven: el sacerdote les muestra su pecado, los anima a erradicarlo, y ellos le responden: «Es que no lo veo» («Claro» –piensa el pobre cura–. «Si lo vieras, no te lo tendría que decir yo»).

Les enviaré profetas y apóstoles: a algunos de ellos los matarán y perseguirán. Dios siempre ha preferido comunicarse a través de hombres pecadores ungidos por Él. Y quien rechaza a quien le habla en nombre de Dios rechaza al propio Dios. Por mucho que «lo haya visto», o que «no lo vea».

(TOI28J)