Los pies diminutos del Altísimo

Me fascina el verso de Isaías con el que la Iglesia inicia la proclamación de la Palabra en Navidad: Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que proclama la paz. Asombrados descubrimos, esta mañana, que el profeta hablaba de los pies de un niño. Y esos pies son… ¡tan pequeños! Podríamos pasar horas de contemplación embelesada ante los pies de Niño Dios. Juan anunció: No soy digno de desatar la correa de sus sandalias (Jn 1, 27). María se atreverá a calzar esas sandalias. Pero nosotros… ¿seremos dignos, tan siquiera, de postrarnos ante esos mismos pies que trillan los montes?

El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros. A Dios se referían los patriarcas y profetas como al «Altísimo». Y… ¡miradlo ahora! ¿No cantan los niños al «Chiquirritín»? ¡Ved al Altísimo convertido, por Amor, en el «Chiquirritín» de nuestros villancicos!

Para que ese Chiquirritín de pies diminutos que trillan los montes siga siendo el Altísimo es preciso que nos abajemos nosotros más que Él, que nos postremos en adoración ante esos pies, como María Magdalena, y exaltemos de júbilo por cómo hemos sido amados. «Venite, adoremus!!!». Que sólo quien se postra recibe la bendición de Dios.

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“Misterios de Navidad

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