Los peligros de la falsa humildad

Esa razón tan «razonada» que paraliza tu apostolado se llama «falsa humildad». Te dices a ti mismo: «Estoy lleno de pecados y miserias. ¿Cómo voy a hablar de Dios? No soy ejemplo de nada. Me responderían: “¿Quieres que amemos a Dios, para que seamos como tú? Mejor no, gracias”».

Te lo repito: falsa humildad. Entre aquellos once apóstoles, quien menos podía presumir de virtud era Simón. Juan había acompañado al Señor junto a la Cruz. Los demás había huido. Pero sólo Pedro había negado a Jesús tres veces con juramento. Y todos lo sabían. Sin embargo, a él le pidió el Señor:Apacienta mis ovejas.

Claro que, antes de pedírselo, le había preguntado: ¿Me amas más que éstos?No le preguntó si era mejor que ellos, sino si lo amaba más. La respuesta de Simón no deja lugar a dudas: Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero. Es decir: «Señor, sabes que soy el peor; pero también sabes lo mucho que te amo».

Apréndelo, y despójate de esa falsa humildad. No te pide el Señor que seas mejor que quienes te rodean; te pide que lo ames más. Por tanto, reza, y deja de excusarte: Apacienta mis ovejas.

(TP07V)