Los okupas entran en casas vacías

Vivías en pecado y, cuando estuviste a punto de morir de asco, te arrodillaste, al fin, en un confesonario. Lloraste mucho, pero saliste de allí lleno de alegría. Comenzaste a rezar todos los días, a comulgar y confesar con frecuencia, a rezar diariamente el santo Rosario… Te encendiste en deseos de santidad.

Y, de repente, comenzaste a experimentar unas tentaciones terribles, mucho más fuertes que las que sufriste lejos de la Iglesia. ¿Por qué te extraña?

Mira: las únicas personas a quienes los demonios no molestan son quienes viven en paz con sus pecados. ¿Para qué van a molestarse, si ya los tienen cautivos?

Cuando el espíritu inmundo sale de un hombre, da vueltas por lugares áridos, buscando un sitio para descansar, y, al no encontrarlo, dice: «Volveré a mi casa de donde salí». Al volver se la encuentra barrida y arreglada. Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él, y se mete a vivir allí.

No temas. Los okupas entran en casas vacías. Si tú no dejas de rezar, si mantienes el alma llena de Cristo, Él te promete que no caerás. Los demonios te seguirán perturbando mientras Dios lo permita para tu bien, pero no entrarán.

(TOI27V)