Los obreros que el mundo necesita

Conforme pasan los años, y Occidente se va paganizando a velocidad de vértigo, las palabras del Señor se vuelven cada vez más acuciantes: La mies es abundante, y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.

La mies es abundante, cada vez más. Son millones quienes viven sin Dios, entregados al vértigo de la tecnología y de los nuevos dogmas, sin otra referencia que lo que marquen los cánones de lo políticamente correcto.

Los obreros son pocos, muy pocos. Y no se aumenta el número de «obreros» reclutando catequistas para las parroquias ni voluntarios para Cáritas. Todo eso es necesario. Pero los «obreros» que el mundo necesita son Cirilos y Metodios, capaces de adentrarse, como ovejas entre lobos, en un mundo que vive sin Dios para anunciar a Jesucristo en bares, supermercados, plazas, centros de trabajo y comunidades de vecinos.

Claro que en las parroquias tenemos un trabajo que hacer. Pero no es el de llenar los locales de catequistas y voluntarios, sino el de formar apóstoles que salgan, que se santifiquen en la calle, y que se bañen más en cerveza que en agua bendita. ¡Hay tanto que hablar ahí fuera!

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