Los inconvenientes de un rayo de sol

Cuando tu casa está en penumbra, te puede parecer que está limpia… Hasta que entra, por la ventana, un rayo de sol. Un rayo de sol debería ser una buena noticia. Pero, al posarse sobre la mesa del comedor, te hace ver tal cantidad de polvo acumulada que no te deja elección: o vas a por la bayeta, limpias la mesa, y disfrutas del día, o corres la cortina, te quedas en tus tinieblas, y sigues soñando que tienes limpia la casa.

Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. Obviamente, es más saludable la primera opción: agradeces que la luz te haya recordado que llevas dos semanas sin limpiar el polvo, empleas una horita en labores de desescombro, y después te sientas a leer aprovechando la luz, con la tranquilidad de saber que todo está limpio.

Sin embargo, a menudo huimos de la luz. Cuando alguien nos recuerda nuestros defectos, nos alejamos de él. Preferimos estar con quien nos adula. Si fuéramos listos, elegiríamos, más bien, la compañía de quienes nos corrigen, y les agradeceríamos que nos ayudaran a tener la casa limpia.

(TP02X)

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