Los chinos y el dedo meñique

El hijo se disculpaba: no fue él solo quien cometió aquella mala acción, todos sus amigos lo estaban haciendo, qué iba a hacer, no iba a ser la nota discordante, debía actuar como los demás… El padre, entonces, lo sentó. Le enseñó su dedo meñique, y le preguntó: «¿Sabes por qué los chinos no pueden mover este dedo?» El hijo no conocía esa minusvalía oriental, y respondió: «No». Entonces su padre le explicó la causa de la parálisis china: «Los chinos no pueden mover este dedo, porque es mío. Y, aunque mil millones de chinos muevan a la vez su dedo meñique, si yo no quiero mover el mío, no lo muevo».

Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado poder de pisotear serpientes y escorpiones y todo el poder del enemigo, y nada os hará daño alguno.

Alma en gracia: recuerda que eres infinitamente más fuerte que todos los demonios. Nada pueden legiones de espíritus inmundos contra ti, si te acoges a Dios. Podrán tentarte, e incordiarte, pero tu dedo meñique… es de Cristo, porque tu cuerpo es cuerpo suyo. Si lo mueves obedeciendo a los demonios, la culpa sólo la tendrás tú.

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