Lo que nunca dijeron de Jesús

La predicación del Señor en la sinagoga de Nazaret es el modelo de homilía perfecta en el que deberíamos mirarnos los sacerdotes. Se pone en pie Jesús, proclama la palabra, se sientan todos y el Sacerdote explica la profecía:

Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír. Después, dos frases más, relativas a dos ejemplos de la Torah. Y, como resultado, unos cuantos feligreses le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca, y otros muchos decidieron matar al predicador. Como digo, la homilía perfecta: breve, incisiva, y a nadie dejó indiferente.

De Jesús dijeron muchas cosas, pero nunca lo acusaron de aburrir al auditorio. No podía aburrir, porque era un hombre lleno de pasión, y esa pasión era fuego en sus palabras. Nadie se aburre cuando está dentro de una hoguera: o se deja abrasar, o sale huyendo.

No va sólo por los sacerdotes: va por todos. Debemos hablar de Cristo. Peor que aburrir es no aburrir por no hablar. Pero, cuando hablemos, quienes escuchen deben sentir el fuego que abrasa nuestros corazones. Unos se dejarán quemar por él, y otros quizá nos odien. Pero que nadie se aburra.

(TOI22L)