Lo que nadie hubiera podido imaginar

Cuando los discípulos preguntaron a Jesús: ¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?no sospechaban que el alimento de esa cena sería el propio Jesús.

Tomad, esto es mi cuerpo.

Nadie hubiera podido imaginar a un Dios entregado en alimento a sus criaturas. Muchos pueblos ofrecían a sus dioses sacrificios de comunión, en los que la víctima era devorada por el pueblo. Eso no era nuevo. Pero hoy sabemos que era la intuición poderosa de lo insospechado: un Dios ofrecido en sacrificio y devorado por sus criaturas para transformar en santos a los pecadores.

Por eso creo en la Biblia; no existe otro libro como ése. La armonía que reina entre sus páginas hace su escritura comparable a la creación de Cielo y Tierra. Pero más fascinante aún resulta cuando esa armonía, repentinamente, alumbra sorpresas que jamás mortal alguno hubiera podido esperar.

Por eso creo en la Eucaristía; porque nadie hubiese podido inventarla en un millón de años. Pero, una vez inventada, y recuperada el alma de la sorpresa, resulta sumamente creíble y armónica con la Historia de la Salvación. ¡Cómo no creer, si un sabio como Tomás de Aquino cayó postrado! Adoro te devote, latens Deitas!

(CXTIB)