Lo que decía san Juan Pablo II

Sin saberlo, el sembrador imita a la semilla que deja en tierra: Él duerme de noche y se levanta de mañana. Dime: ¿No hace lo mismo la semilla? ¿No duerme en tierra durante una larga noche, y, al llegar una mañana, se levanta y va produciendo fruto sola? ¿Imaginas una semilla saltarina, que quisiera lucirse antes de morir, y saltara de la tierra, vestida de luces, apenas salida de la mano del sembrador? Si semejante disparate pudiera producirse, el sembrador la tiraría lejos. Una semilla que no quiere dormir no podrá despertar.

El deseo de los santos nunca ha sido el de airearse y mostrarse al mundo, sino el de ocultarse: callar para que Dios hable, esconderse para que Dios brille, morir para que Dios viva en ellos. Han sido sembrador y semilla.

No eres tan guapo, ¿sabes? Al menos, no ahora, antes de haberte entregado. Recógete; busca a Dios en lo escondido; encuéntralo… Y deja que Él se apodere de ti y amanezca en tus actos.

¿Sabes lo que decía en voz baja san Juan Pablo II cuando apretaba su frente contra ese crucifijo que era su cayado de pastor? «Que muera Wojtyla, y que viva Jesucristo»… Pues eso.

(TOP03V)

“Evangelio