Lo difícil

Habitamos el paraíso de lo «fácil». Podemos trasladarnos a cualquier lugar del mundo sin movernos de la butaca, las compras nos las traen a casa al día siguiente, no hay que levantarse para cambiar de canal, ni para hablar por teléfono, ni para abonar una multa de tráfico… Y, sin embargo:

Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios!

Como sigamos así, en este mundo sólo habrá dos tareas difíciles: la santidad, y la felicidad. Pero, realmente, son la misma tarea.

Son, también, tiempos de tentación. Muchos quisieran que la Iglesia se «modernizara», y pusiera tan fácil la santidad como una compra realizada en Amazon. Quisieran tener la salvación «a un clic», aunque ese clic, en lugar de digital, fuera sentimental. «No te preocupes por el pecado, ni por las normas, ni por las exigencias evangélicas. Siéntelo, y basta. No necesitas confesarte; si sientes que quieres comulgar, comulga. Si eso que haces no lo sientes como pecado, no haces nada malo. Si te sientes cerca de Dios, ya lo estás»…

Atractivo… pero falso. Entre nosotros y la salvación no media un clic, sino una Cruz. Para abrazarla, no tendremos todas las facilidades, sino toda la gracia de Dios.

(TOB28)

“Evangelio