Lo contrario de un santo

El pecado es un mal absoluto. Es el mayor de los males que acechan la vida del hombre.

Pero, dicho esto, también te diré que no serán tus pecados los que te impidan ir al Cielo. En la Cruz, el Señor ha derramado esa misericordia que es remedio de todos los pecados que se cometen en el mundo. Lo contrario de un santo no es un pecador; el santo es un pecador que se ha dejado mirar con misericordia.

Iba a escribir que lo contrario del santo es el idiota, pero queda feo –aunque creo que ya lo he escrito–. Diré, para que se entienda, que lo contrario del santo es Herodes.

Como la fama de Jesús se había extendido, el rey Herodes oyó hablar de él. Y se turbó, temiendo una amenaza de ultratumba de un Bautista resucitado. Podría haber pensado: «Ese Jesús, que come con publicanos y prostitutas, que perdona pecados, quizá podría perdonarme a mí». Y se hubiera salvado. Pero tuvo miedo, porque estaba encantado con su vida y no quería convertirse.

No. Lo peor no es que peques. Lo que te impedirá ser santo es que no quieras dejar de pecar. O sea, la idiocia.

(TOP04V)