Llanto y consuelo de Dios

sagrado corazón«Anoche, soñando, he visto a Dios llorando, jamás lo olvidaré»… Recuerdo esta canción desde mi niñez, cuando la escuché en una de aquellas cintas de casete que mi padre llevaba en el coche. Las palabras «Dios» y «llorando», al chocar entre sí en mi cabeza, hacían saltar chispas. ¿Dios llora?

¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento.

La fiesta del sagrado corazón de Jesús celebra a un Dios que llora y ríe. A este Dios pastor, cuando se le descarrió el hombre, se le salió el corazón del pecho en busca de su oveja perdida. El Hijo, inflamado por el Espíritu, es el corazón de Dios. Y, habiendo salido del pecho de la Trinidad, se hizo hombre, y adoptó un corazón humano, capaz de reír y llorar.

No tengo que soñar para ver a Dios llorando; yo le hice llorar. Sus lágrimas me han redimido. Por el mismo motivo, también sé que le puedo consolar. A esa tarea quisiera dedicar el resto de mis días.

(SCORJC)