¡Llaman!

Alguien llama a las puertas.

Mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos.

El mismo que ahora llama, llamó también antes de nacer a las puertas de los hombres, y se le cerraron. Ahora llama, de nuevo, a tu puerta. No es para nacer, sino para morir. Voy a celebrar la Pascua en tu casa.

Ábrele hoy. Abre tu corazón y tu alma de par en par, y consagra estos días a la meditación de la Pasión de Cristo.

No te mentiré: si le abres, no podrás tomarte el Triduo Pascual como días de vacaciones, ni conformarte con asistir a los Oficios entre baño y baño en la playa. ¿Te irías de vacaciones mientras un ser querido agoniza? No lo harías; lo acompañarías en sus últimas horas. ¿Cómo ibas a divertirte, sabiendo que aquél a quien amas está muriendo?

Si dejas que Jesús celebre su Pascua en tu casa, perderás las vacaciones. En lugar de «disfrutar» de esos días libres, padecerás con Él.

Pero también es verdad que, al darle esos días, amarás y serás amado como nunca. Serás redimido.

Escúchalo otra vez: Voy a celebrar la Pascua en tu casa… ¿Qué respondes?

(XSTO)