Le has dado pena a Dios

No sé si lo has pensado alguna vez: ¿Por qué ha venido Dios a la tierra? Después de haber ensalzado al hombre sobre todas las criaturas, y de que el hombre le respondiera con ingratitud y pecado, bien podría haber dicho: «¡Ahí os quedáis! No os necesito para nada. Os lo he dado todo, y lo habéis rechazado: sufrid ahora el castigo que vosotros mismos os habéis impuesto». Sin embargo, en la plenitud de los tiempos, Dios decidió venir, no sólo a rescatarnos, sino a sufrir, Él mismo, nuestro castigo. ¿Por qué?

Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor».

Porque le hemos dado pena. Así de sencillo. Nos ha mirado desde el cielo, en esta condición tan penosa en que hemos quedado después del pecado, y el Amor que nos tiene no ha podido soportarlo. A Dios lo hemos vencido por la compasión.

¿O es que te creías bueno? Tú le has dado pena a Dios. Ha visto tu miseria, tu dolor, tu angustia, tu pecado, tu muerte… y ha venido, bañado en lágrimas, a recogerte.

¿Podrás ahora tú mirar con la misma compasión a tus hermanos?

(TA01S)