Las muchas moradas

Mucho se ha hablado, y también se ha escrito, acerca de las muchas moradas:

En la casa de mi Padre hay muchas moradas.

Si no queremos complicarnos, podríamos entender estas palabras de la forma más sencilla: en el Cielo hay sitio para todos. Punto.

Y es verdad. Pero, aunque Dios es la sencillez misma, nuestra vida, queramos o no, es complicada. Y las palabras del Señor van más allá. Ni el Cielo de Juan es el Cielo de Pedro, ni el Cielo de Pedro es el de Ana. En el Cielo existen, efectivamente, muchas moradas.

Tantas como distintos son los amores. No hay dos iguales. El Cielo –ya en esta vida– es la unión amorosa del alma con Dios, a la que es llevado el cuerpo a través de la Cruz. Y no existen dos historias de amor idénticas; cada una es originalísima. Como me relaciono yo con Jesús no se relaciona, ni se ha relacionado jamás, nadie. Qué gran estupidez, el querer meter a la gente por tubos, pretendiendo que amen a Cristo como lo amamos nosotros.

Y qué gran desperdicio, el de quien se niega a amar a Jesús. Esa historia de amor no vivida jamás se vivirá.

(TP04V)