Las bienaventuranzas, leídas al revés

Dichosos los que lloranNecesitas tener cerca tu teléfono móvil. Necesitas llevar contigo una botella de agua. Necesitas hacer deporte todos los días. Necesitas dinero para tus gastos. Necesitas la atención y el aprecio de quienes te rodean. Necesitas perder peso… Necesitas demasiadas cosas, y nunca tienes bastante, porque, en realidad, no tienes a Dios. Le rezas, pero no es Él tu tesoro. Más bien, le rezas porque necesitas cosas, y le pides que no te falten.

Cuando te lances, de verdad, a la conquista de Dios; cuando desees más a Dios que a las cosas que Dios te puede dar… Entonces, en lugar de necesitar muchas cosas, sentirás que te sobra todo lo que no es Él.

Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos… Quizá haya que leer las bienaventuranzas el revés. Porque, tal como las leemos, pensamos que el reino de los cielos es una recompensa para los pobres. Pero la realidad es que, cuando un alma descubre el reino de los cielos y se lanza a su conquista, todo le sobra, y por eso se desprende de todo y se empobrece para enriquecerse con Dios. Ya no necesita nada. Sólo desea el cielo.

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