Las armas de que se fiaba

A Satanás le llama Jesús «el príncipe de este mundo». Así es, porque Adán y Eva le entregaron el dominio sobre los hombres. Y las armas de este príncipe, con las que precipita a los hombres en el pecado, son el sufrimiento, la muerte y las tinieblas.

Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín.

Es viernes. Medita hoy la Pasión del Señor. Y verás cómo, en el Gólgota, Jesús le arrebató a Satanás las armas de que se fiaba. Le arrebató la muerte, que hacía vivir como esclavos a los hombres, y la convirtió en el acto de amor supremo. Le arrebató el sufrimiento, que hacía desesperar a los hijos de Adán, y muriendo de tristeza convirtió el dolor en Redención. Le arrebató también las tinieblas, que confundían a los hombres, y, habiéndose ocultado el sol desde la hora sexta hasta la hora nona, Cristo crucificado llenó de luz la oscuridad, para iluminar a quienes viven entre sombras.

Después repartió el botín con nosotros. Y ahora somos reyes de la Creación.

(TOI27V)