La viña del Señor

Dicen que hay de todo en la viña del Señor. Pero… ¿dónde está la viña del Señor?

Para algunos, trabajar en la viña del Señor consiste en que el sacerdote te pide que impartas catequesis en la parroquia, y tú te ves todas las semanas con siete niños de nueve años. O en que te piden que salgas a leer la segunda lectura en misa de nueve. Y todo eso está bien, muy bien, porque muchas veces, a través del sacerdote, ves que te lo pide Dios, y le dices que sí. ¡Qué haríamos en las parroquias sin el trabajo tan valioso que realizáis muchos de vosotros! Pero la parroquia es la casa del Señor. La viña del Señor está en otro sitio.

La viña del Señor está en la calle. Allí están las cepas cuyo vino de almas quiere recoger el divino viñador.

Hijo, ve hoy a trabajar a la viña. Lo escuchas en la casa, en el templo, y dices: Voy, Señor. ¡Bien dicho! ¡Jamás te niegues, cuando Dios te llama! Pero, una vez dicho, cuando el sacerdote proclame: «Podéis ir en paz», saldrás del templo, y… ¡Ahí está la viña! ¡A trabajar! ¡A recoger almas para Cristo!

(TA03M)

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