La verdadera eficacia

¿Has visto alguna vez un grano de trigo con patas? ¿Verdad que no? ¿Has visto alguna vez un grano de trigo del tamaño de un balón de fútbol? ¿Verdad que no?

El grano de trigo no se mueve, es pequeño, y depende para todo de la mano que lo siembra. Sin embargo, cuando es sembrado y da fruto, proporciona alimento y te permite tener pan en la mesa.

Si el grano de trigo no cae en tierra y muere queda infecundo, pero si muere da mucho fruto.

Aprende bien la lección. Porque, a veces, te crees muy grande, y eres ¡tan pequeño! No somos eficaces cuando nos movemos mucho, ni tampoco cuando desplegamos todas nuestras capacidades como despliegan sus alas los pavos reales. Somos eficaces cuando morimos, es decir, cuando entregamos la vida. Cuando rendimos el entendimiento y la voluntad para aceptar lo que nos dice el director espiritual; cuando aceptamos con humildad un imprevisto que trastoca todos nuestros planes; cuando acogemos con mansedumbre un dolor o una enfermedad; cuando decimos que sí a quien nos pide ayuda, aunque tengamos que sacrificar nuestro tiempo libre… Cuando así unimos nuestra vida a la Cruz de Cristo, entonces damos fruto en abundancia.

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