La última mejilla de Jesús

hostiaLa festividad del Corpus Christi llena todo el mes de junio con un aroma eucarístico. Nuestras comuniones, en este mes, deberían ser más apasionadas y ardientes.

Si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra. En su Pasión llevó Jesús este precepto hasta el extremo. Pero, en la Eucaristía, podría decirse que ha «extremado» el extremo. Tan indefenso se nos ofrece, que, si alguien lo profana, no se queja. La Eucaristía es la última mejilla de Jesús. Acaríciala y bésala cuando comulgues.

Al que te quiera poner pleito para quitarte la túnica, dale también el manto. Si, en su Pasión, se dejó Jesús despojar de todas sus vestiduras, en la Hostia se despoja incluso de su apariencia, y se muestra bajo el aspecto humilde de un pedazo de pan. Recubre tú esa desnudez, cuando comulgues, con actos de amor y adoración.

A quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos. Si, en su Pasión, acompañó Jesús al hombre sufriente hasta el Calvario, en la Hostia lo acompaña en el camino de la vida, hasta que, entregado como viático, lo toma de la mano para llevarlo a la eternidad. Acompaña tú a Jesús cada día en el sagrario.

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