La triple ceguera

Por triplicado aparece, en el evangelio de hoy, una misma palabra: «ciegos». ¡Ay de vosotros, guías ciegos!… ¡Necios y ciegos!… ¡Ciegos!

Habrá que darse por aludido, ante la triple repetición. Porque las tres veces va la palabra referida a lo mismo: a la soberbia, que ciega el corazón del hombre y lo hace incapaz de reconocer su propia enfermedad.

El soberbio siempre tiene razón. Cuando se equivoca, tiene el doble de razón. Y, cuando los demás le dicen que se equivoca, entonces tiene el triple de razón. Por eso era necesario que, por tres veces, le señalara Jesús su ceguera. A ver si, así…

A ver si, así… Porque no basta con reconocer que eres soberbio. Si dices «soy muy soberbio» (para que así los demás crean que eres humilde), pero luego no eres capaz de dar el brazo a torcer en nada, acabarás diciendo: «¡Soy muy soberbio, pero en esto tengo razón!». Claro, claro, en «esto» y en todo lo demás. Tú dices «soy muy soberbio», pero cuando soy yo quien te dice: «¡Qué soberbio eres, Manolo!», te pones hecho una furia. ¿No lo reconocías tú? Entonces, ¿por qué te enfadas cuando te lo digo yo?

¡Ciego! ¡Ciego! ¡Ciego!

(TOI21L)