La trampa farisea

Todo buen hipócrita (que también en eso hay clases) sabe tentar con halagos a quien quiere embaucar. Y los fariseos, en eso de la hipocresía, eran maestros:

Maestro, sabemos que eres veraz y no te preocupa lo que digan; porque no te fijas en apariencias, sino que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad. Hagámosles justicia: tienen razón en todo lo que dicen. Jesús es veraz, es la Verdad misma. Jamás le preocupó lo que dijeran de Él. No se fijó nunca en apariencias, su mirada iba directa al corazón. Y enseñó el camino de Dios, porque Él mismo es el Camino.

A partir de aquí, la hipocresía desvela su propio rostro: ¿Es lícito pagar impuesto al César, o no? Copio lo que no está escrito, lo que flota en el aire: «Ya ves el alto concepto que tenemos de ti. No irás a defraudarnos ahora, ¿verdad? Contéstanos, que queremos aprender». ¡Qué curioso! Le tientan queriéndole quitar aquello mismo que ensalzan en Él: «Como no te importa lo que digan, haznos caso para que no cambiemos esta opinión tan favorable que tenemos de ti». ¡Mamarrachos!

De todas formas, ojalá nos pudieran tentar también a nosotros con esos halagos.

(TOI09M)