La trampa definitiva

Primero los fariseos, después los saduceos y, a continuación, los escribas… ¿Queda alguien ahí? Las tres trampas habían fallado. Y nadie más parecía querer intentarlo de nuevo. Era el turno de Jesús. ¿Os gustan las trampas? Pues, atentos.

¿Cómo dicen los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David, movido por el Espíritu Santo, dice: «Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies». Si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?

Impresionante. Son los hijos quienes llaman «Señor» a los padres, no al revés. Si el Mesías es hijo de David, ¿por qué David lo llama «Señor»? ¿Acaso es más el hijo que el padre? ¿O será que el Mesías, además de ser hijo de David, es superior a él?

Una muchedumbre numerosa le escuchaba a gusto. Fariseos, saduceos y escribas tumbados en la lona con un solo golpe. ¿Cómo no iban a pasárselo bien?

Nosotros nos quedamos hoy con el salmo: Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies. Porque hay batallas que se ganan sentados. ¡Cuántas victorias, en media hora de oración ante el sagrario!

(TOI09V)