La tolerancia de Dios

La parábola de la red que recoge toda clase de peces no es sino la versión «marina» de la parábola del trigo y la cizaña. Ambas contienen la misma dosis de realismo.

El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Como convivían trigo y cizaña en aquel campo, conviven, en la misma red, peces buenos y malos.

Dios permite el mal en esta vida, y hasta del mal acaba sacando bien. La convivencia con el pecado, el dolor y la muerte nos ayuda a ser misericordiosos, pacientes y humildes. Ser tolerante no es transigir. El pecado es pecado, la virtud es virtud, y Cristo es Dios. Si tienes que morir por defender esas verdades, no temas. Pero, con las personas, sé tolerante. Si Dios permite que pequen, ¿quién eres tú para impedirlo a la fuerza? Ama al pecador, respeta su libertad, sufre su pecado. Jamás lo juzgues. Cuando la barca llegue a puerto, quizá muchos peces malos hayan sido redimidos por la paciencia del Bueno.

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