La tierra poco profunda y el «cristianismo emocionante»

La parábola del sembrador tiene cuatro escenarios, cuatro lugares en los que cae la semilla. Consideremos hoy dos de ellos.

Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida. Seguramente, el mejor terreno para conseguir resultados rápidos. Haz que sientan, que lloren, que canten, que bailen, que se abracen. Sírvete de buenos efectos de luz y sonido, sumérgelos en una experiencia impactante, y saldrán convertidos y entusiastas, aunque no sepan recitar los mandamientos del Decálogo… Pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó.

Otra cayó en tierra buena y dio fruto; una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta. Aunque tarda más en aflorar. Una buena catequesis puede durar años. Explicar la Escritura, desgranar la doctrina, educar en el misterio, como hacían los primeros cristianos con los catecúmenos, es siembra laboriosa. Pero produce santos y sabios, capaces de surcar el desierto y perseverar.

No es mala la siembra de los afectos, si después se pasa a la del alma. Lo que me da pena es que haya cristianos sabios que se vuelvan del desierto para chapotear en el «cristianismo emocionante». Eso es un paso atrás.

(TOP16X)