La santa desmesura

Dice san Pablo que ni la carne ni la sangre pueden heredar el reino de Dios (1Cor 15, 50). Al menos, tal como están, sin haber pasado primero por la muerte.

Considera esta afirmación del Apóstol, y entenderás que la alegría del reino de los cielos es interior, no carnal. Por supuesto que, cuando celebramos alguna fiesta, procuramos acompañar nuestra alegría con una buena comida, o una bebida agradable. Pero el cuerpo no puede celebrar en la medida en que se alegra el alma, porque, si comemos o bebemos en exceso, enfermamos, y ofendemos al propio Dios a quien celebramos. Nadie echa vino nuevo en odres viejos: porque, si lo hace, el vino nuevo reventará los odres y se derramará, y los odres se estropearán. El pobre cuerpo no puede con tanta fiesta; por eso, incluso en las celebraciones, procuramos ser sobrios en lo carnal.

Sin embargo, la desmesura en el amor a Dios sólo provoca en el alma una alegría sin límites. A vino nuevo, odres nuevos. Sé templado en el comer y en el beber; pero, en el amar, ojalá ames desenfrenadamente. Ni tú mismo sabes lo feliz que puedes llegar a ser. Amar a Dios nunca empacha.

(TOI22V)