La salvación «por contacto»

Algunos piensan que la salvación se obtiene por contacto, o por proximidad. Si uno pasa tiempo en la iglesia, si asiste a misa, o le besa los pies del crucifijo de la capilla… ¡Zas! ¡Al cielo! Y si, además, invita a comer al sacerdote, es posible que le reserven un pequeño palco en el reino. No es broma; así pensaban quienes, en palabras de Jesús, le dijeron a Dios tras verse condenados:

Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas.

La respuesta del amo es terrible: No sé de dónde sois. Es decir: «Has comido a mi lado, pero no has vuelto a nacer para Dios. ¿De dónde eres? ¿A quién sirves?».

El contacto es importante, porque el roce hace el cariño. Claro que hay que venir a la iglesia, y escuchar la predicación, y besar los pies del crucifijo. Lo de invitar al sacerdote a comer… no sé; no es obligatorio.

Pero si no dejas que ese contacto te contagie, si no te conviertes tú en un crucifijo, si no entras por la puerta estrecha… Entonces tendré que decirte que también los soldados que crucificaron al Señor lo tocaron. Y ojalá nunca lo hubiesen tocado.

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