La respuesta de Simón Pedro

Cuántos santos, cuántas vírgenes, cuántos mártires hubieran respondido a Jesús con las mismas palabras y la misma sinceridad de Simón Pedro:

– ¿También vosotros queréis marcharos?

– Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna.

Años antes, cuando Simón no era sino un rudo pescador de Galilea, hubiera sabido bien a quién acudir en caso de apuro: a su hermano, a sus compañeros de trabajo, a sus amigos, a su familia… ¡a su suegra! Al fin y al cabo, a ellos acudía cada jornada, al terminar el trabajo, y con ellos descansaba, reía y discutía. Pero una mañana, cerca del Jordán, conoció a Jesús, y lo amó de tal forma que ya no podía concebir su vida sin Él.

Es cierto. Son millones los seres humanos que viven sin Cristo. Y la vida se les hace más o menos soportable, porque no lo han conocido nunca. Pero, una vez has conocido a Jesús, y has gustado aunque sólo sea una gota de su Amor en el paladar del alma, la mera idea de pasar un minuto sin Él se vuelve insoportable.

Díselo tú también: «Señor, ¿a quién acudiré si no te tengo? No permitas que viva sin Ti».

(TP03S)