La que vio llegar el día

Que esta vida es noche sólo lo discutirán quienes la pasan soñando. Pero no serán ellos quienes traigan luz al mundo. La verdadera luz del día, Cristo, está velada para el sentido, y sólo la fe atisba el futuro amanecer como atisba el centinela la aurora. Entre tanto, nuestros ojos no ven sino tinieblas, resplandores de sombras que mueren uno tras otro.

Les entró sueño a todas y se durmieron. Quien duerme se rinde ante la noche. Y así viven tantos, dormidos… Hasta que los despiertan.

A medianoche se oyó una voz: «¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!». Entonces se despertaron. Una visita al médico, y de golpe se abren los ojos. Apenas te quedan meses. Está a punto de amanecer, y no te has preparado para el día. ¿Qué harás? ¿Te darás otra vuelta en la cama, y taparás tu cabeza con la almohada para seguir soñando? Pobre de ti.

Desde su conversión, Edith Stein vio llegar el día de lejos. Cuando entró en la cámara de gas, sus ojos estaban abiertos, y su lámpara encendida. Ha desayunado Dios, y ahora habita para siempre en la Luz. Que ella nos mantenga en vela. Puede amanecer en cualquier momento.

(0908)