La profecía del holgazán

El siervo negligente y holgazán de la parábola sería un vago, pero, desde luego, era profeta. ¡Menuda excusa, la que presenta para justificar su pecado! Es todo un tratado de soteriología.

Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces.

Medita las palabras del holgazán, y quizá no tengas que compartir su suerte.

El Señor sembró en Jerusalén, donde su cuerpo fue enterrado como grano de trigo. Y quiere segar en tu casa. Esparció su palabra en Palestina, y quiere recoger en tu pueblo, entre tus amigos y en tu lugar de trabajo.

Por eso te dio los talentos que recibiste el día de tu bautismo. Por ellos, tú también eres profeta, sacerdote, y rey. Eres otro Cristo. Además, te dio la formación cristiana que recibiste de tus padres y catequistas. Ahora te corresponde a ti vivir como Él vivió, amar como Él amó, anunciar como Él anunció, y segar y recoger, no el fruto de tu trabajo, sino el de su Pasión, prolongada en tu vida.

Las almas no se redimen con originalidades ni con marketing; así sólo se las entretiene o se las aburre. Las almas se redimen con santidad de vida.

(TOI21S)