La piscina accesible

La traducción litúrgica del evangelio de hoy omite un versículo cuya procedencia es dudosa:

Esperaban la agitación del agua. Porque el Ángel del Señor bajaba de tiempo en tiempo a la piscina y agitaba el agua; y el primero que se metía después de la agitación del agua quedaba curado.

Por dudosa que sea la procedencia del versículo, sin él no se entiende el drama de aquel paralítico. Aunque fuese a rastras, podía alcanzar la piscina. Pero, sin ayuda, no podía llegar el primero. Tendría que haber previsto el Ángel una agitación «paraolímpica» de cuando en cuando. Pero no la previó.

Jesús lo mira y se conmueve. Él traerá otra agua. Y esa agua, que manará de su costado abierto, curará la peor enfermedad del hombre: el pecado. No habrá que correr para alcanzarla, porque es agua para quienes están postrados. Bastará con mirar a la Cruz y dejarse bañar. Que no sólo recibe el perdón quien está el primero en la cola del confesonario. También lo recibe quien tiene que esperar a que confiesen otros cinco antes que él. El único que no lo recibe es quien se dice: «Hay mucha gente esperando. Ya vendré a confesar otro día».

(TC04M)