La pasión de Pedro, la de Judas, la de Cristo

El miedo a la Cruz tiene su origen en la debilidad humana y en las insidias de Maligno. Satanás se aprovecha de la repugnancia que te causa el sufrimiento, y te susurra al oído: «Si te acercas a Cristo crucificado, sufrirás». Mejor no dialogar con él, pero deberías decirte a ti mismo: «¿Acaso no sufriré si me alejo?».

Uno de vosotros me va a entregar… No cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces.

Hay una pasión de Pedro, y también una pasión de Judas, como hubo una pasión del mal ladrón. La de Pedro duró unos días, la de Judas acabó en suicidio, y la del mal ladrón en una muerte sin consuelo. Son pasiones terribles, pasiones sin Cristo que se sufren a solas. Sólo Juan, el buen ladrón y la Virgen sufrieron la Pasión de Cristo y participaron de aquel misterio de Amor que endulzaba cualquier sufrimiento. Pedro, porque amaba a Jesús, se unió más tarde. Pero antes tuvo que padecer la soledad.

Que no te engañen. Quien no sigue al Señor también sufre su pasión; todos tenemos la nuestra. Tomemos, pues, nuestra cruz, unámosla a la de Cristo, y convirtamos en amor el dolor.

(MSTO)