La Pascua y el barro

Si pensabas que la resurrección de Cristo nos transformaría en seres perfectos, libres de toda limitación e inmunes a las flaquezas humanas, desengáñate. La gracia no altera la naturaleza. La Pascua nos santificará, limpiará nuestras almas y nos convertirá en templos de Dios. Pero el material del que ese templo está hecho seguirá siendo el de siempre. Cada uno encuentra a Jesús resucitado con lo que lleva puesto.

Mira a las mujeres. Se marcharon del sepulcro llenas de miedo y de alegría. El gozo del anuncio proclamado por ángeles se mezclaba, en ellas, con todos los miedos de que somos capaces los humanos… ¿Y si habían robado el cuerpo del Señor? ¿Nunca te ha asaltado, en plena Pascua, el pensamiento de que todo pudiera ser mentira?

Jesús confirma su gozo: Alegraos. Después aplaca sus miedos: No temáis. Esas primeras palabras de Cristo resucitado valen su peso en oro.

Peor es lo de los soldados: Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo. Ellos huyen a la mentira, y allí no hay posibilidad de encuentro con el Señor.

Pedidle a Dios que, en medio de nuestras limitaciones, jamás emparentemos con la mentira. Es la negación misma de Dios.

(TP01L)

(HOMILÍA EN AUDIO PARA QUIENES NO PUEDEN ASISTIR A MISA HOY) (Pulsar en el enlace con el botón derecho para descargarla)

(Puede suscribir los audios como podcast añadiendo esta dirección a su agregador de podcasts: https://feeds.feedburner.com/espiritualidaddigital )