La parábola escondida en la parábola

En la parábola del hijo pródigo aparece un cabrito. Tira de él como tirarías de un ladrillo suelto en una pared y descubrirás, tras esa pared, el escenario de una parábola escondida: la del joven y el cabrito.

En tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos. Hacía más de un año que pidió a su padre un cabrito para celebrar una fiesta. Y el padre, juzgando que no le hacía bien al chico presumir de sus riquezas ante sus amigos, se lo negó. El hijo calló por fuera, pero renegó interiormente de su padre.

Su padre lo amaba, nada le faltaba, tenía comida en la mesa y un lecho donde dormir. Pero era incapaz de disfrutar de su fortuna, porque aquel cabrito se lo impedía.

Dime: ¿Por qué, cuando algo no sale a nuestro antojo, olvidamos tanto Amor de Dios, tantos dones, tantas gracias como recibimos, y nos encerramos en nuestro pesar? ¿No estamos siendo injustos con Dios y con los demás? Saca los ojos de ese charco de sombra, y déjate bañar en el océano de luz que te rodea.

(TCC04)