La pantera arrodillada

Profeso a santa Marta una devoción sin límites. Es un espíritu indómito, capaz de enfrentarse al Hijo de Dios y forcejear con Él cuando sus vísceras se resisten a aceptar los designios divinos. Pero, bajo ese temperamento volcánico, hay un corazón rendido a Cristo. Y cuando ese corazón, como el de Tomás, se abre paso entre las vísceras, es capaz de actos de fe maravillosos.

Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo. Ved a la pantera arrodillada y convertida en mística. Y a la que zarandeaba al Señor, increpándole: «¡A buenas horas llegas!», confesando la unción del Mesías.

El que tenía que venir al mundo… «El mundo estaba incompleto sin Ti; la vida, sin Ti, no tiene sentido, le falta el centro. Tenías que venir para tomar sobre Ti el pecado del mundo, para abrir el camino hacia el cielo. Ahora has venido, y Tú haces el mundo habitable, Tú das sentido a la vida, Tú conviertes al mundo en morada de Dios»…

Y, apenas unos minutos después: «¡Señor, que mi hermano lleva cuatro días muerto, y ya apesta!». No lo puedo evitar: ¡Me encanta esta mujer!

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