La palabra luminosa

No te extrañe que, mientras Jesús habla de la luz, nos invite a oír, en lugar de a mirar.

Nadie que ha encendido una lámpara la tapa con una vasija, sino que la pone en el candelero. Mirad, pues, cómo oís.

La luz se recibe por la vista, mientras que el oído capta las palabras. Pero si es la palabra la que alumbra, entonces la luz se recibe por el oído. Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero (Sal 118, 105).

Mirad, pues, cómo oís, pues al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener.

Me sucede cuando rezo la Liturgia de las Horas, y a ti puede sucederte mientras lees el Evangelio. Si estoy atento a los salmos que recito, el alma se ilumina, y cada palabra que leo pasa a formar parte de mí. Entonces, tengo, y, por la luz de lo que poseo, recibo más. Sin embargo, si leo distraído, las palabras se me escapan, y hasta la poca luz que hay en mi alma se apaga por mi poco fervor.

Por eso, cuando leas, escucha, y tendrás luz. Mirad, pues, cómo oís.

(TOI25L)