La oveja borracha

El Adviento está lleno de promesas. Deberíamos recorrerlo entre consuelos, paladeando la esperanza que alumbra cada una. Pero, por desgracia, no todas las promesas de Dios alegran a todos los hombres.

Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en los montes y va en busca de la perdida?

Pero si la oveja perdida se ha cobijado en el bar «La oveja loca», ha consumido ya catorce cervezas, y se ha olvidado hasta de su madre, la noticia de que el pastor viene a por ella quizá provoque que se esconda aún más. Así son muchos: se han rendido al pecado de tal forma que no conciben su vida fuera de él. El nombre de Dios se les hace extraño, y huyen de Él porque, en el fondo, no están dispuestos a dejarse amar. Temen que el Amor de Dios los vuelva niños, y ellos no quieren ser niños. Será que quieren seguir siendo viejos y borrachos.

¿Qué hará el Señor con esas ovejas ebrias de pecado, que olvidaron quién es su pastor y dónde está su patria?

Te lo diré: los amará entrañablemente. Sólo un amor infatigable puede redimirlos.

(TA02M)

“Evangelio