La oración del publicano

parábola del fariseo y el publicanoCreo que ya te lo he comentado alguna vez: la oración de fariseo tiene su lado bueno. Te doy gracias porque… ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo. Al orar así, reconoce que sus ayunos y limosnas no son mérito suyo, sino una gracia concedida por Dios. El problema está en los puntos suspensivos con los que he partido en dos la frase: No soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. ¿Por qué señalas? ¿Por qué te comparas? ¿Por qué te fijas en lo que hacen otros?

¡Oh, Dios, ten compasión de este pecador! Seguramente, aquel publicano también haría algo bueno: quizá socorría a su madre en su vejez, o pagó la deuda de algún amigo. Pero él no mira sus méritos ni piensa en pecados ajenos. Va a lo profundo de su alma, descubre su pecado, se reconoce indigno y se postra ante Dios suplicando compasión.

¿Por qué no haces lo mismo? Olvida los pecados ajenos, no te envanezcas de tus méritos, y desciende a lo profundo de tu alma, donde está tu pecado. Póstrate allí, pide compasión ante el confesor, y volverás justificado a casa.

(TC03S)