La maravillosa providencia «de poca monta»

Me sorprende que haya tantos cristianos que apenas tengan trato con su ángel. Si el ángel les hiciera el mismo caso que le hacen ellos a él, no quiero ni pensar dónde se hallarían, cómo se hallarían, o si se hallarían.

No seas tú uno de ellos. Sé agradecido con Dios, y con tu ángel. Porque tu ángel es una prueba maravillosa del Amor con que Dios te ama. Para cuidarte, en esa providencia de lo cotidiano, le ha encargado que no te quite ojo, ni de noche ni de día, a fin de que camines seguro por esta vida hasta que llegues al Cielo.

En ocasiones, puede parecerte atrevido pedirle a Dios esas cosas «de poca monta» que surgen a lo largo de la jornada: acordarte de una cita, encontrar aparcamiento, dar con el regalo adecuado para un familiar que cumple años… ¡yo qué sé! Hay mil asuntos, todos ellos tan pequeños, tan aparentemente insignificantes, que te hacen sentir incómodo si piensas en encomendárselos a Dios. Y esos asuntos, precisamente, son los que le gustan a tu ángel.

Hazte amigo suyo. Y no tendrás miedo de pedirle en misa que no estornudes ahora, precisamente, en mitad de la consagración.

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