La luz brilla en la tiniebla

luzEn los últimos días del Adviento, anduve preguntando a varios feligreses qué esperaban de la Navidad. «Espero que el Niño Jesús nazca en mí». Está bien respondido y, a buen seguro, Dios no habrá defraudado esa esperanza. Yo, sin saber bien por qué, este año tenía mi propia respuesta: Esperaba una luz.

La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Sin entrar en detalles personales, os diré que el día 24 por la noche esa luz se encendió dentro de mí. Iluminó mis tinieblas y, si mis tinieblas no la recibieron, fue porque huyeron despavoridas.

Belén es el lugar más resplandeciente de la Tierra. Cuando miras esa luz, bien abiertos los ojos del alma, te llenas de una claridad que nada tiene que ver con las claridades de este mundo. Miro al sol, y la luz que entra por mis ojos es un dato muerto; alegre, pero muerto. Miro al Niño en el Belén, y la luz que llena mi alma es vida en estado puro; se abre paso hasta lo más profundo, me conquista por completo, y quedo convertido en luminaria.

Ahora sé por qué esperaba yo una luz. Y tampoco mi esperanza quedó defraudada.

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“Misterios de Navidad

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