La loca que jugaba con la Virgen

Santa Teresa llamaba a la imaginación «la loca de la casa», porque fácilmente se alborota y brinca de un sitio a otro, tirándonos de la manga para arrastrarnos en su delirio. Pero a esta loca, si la llevas de excursión a los prados del Evangelio, la verás gozar, y la que antes estorbaba tu oración será tu lazarillo y abrirá tus ojos al Misterio. Mirado con la imaginación, el Evangelio se vuelve vida, y tocas, miras, hueles, oyes y saboreas. El diagnóstico de santa Teresa necesita la receta de san Ignacio: la composición de lugar.

La fiesta de la Natividad de la Virgen es un deleite para la imaginación. Imagina a la Virgen niña, aún bebé; el rostro de Joaquín al ver por primera vez a su pequeña; las lágrimas de Ana al estrecharla por primera vez contra su pecho. Imagina aquellas primeras jaculatorias: «¡Qué guapa! ¡Parece un ángel! ¡Qué sonrisa tan preciosa!»…

Deja pasar dos años, e imagina a María correteando por la casa, diciendo sus primeras palabras o besando a sus padres. ¿No te dan ganas de hacerte niño y jugar con ella? ¡Pues no te prives! Lleva de excursión a la loca de la casa, y disfruta.

(0809)