La libertad de los hijos de Dios

Aquel hombre pensaba que la autoridad de Jesús pondría fin a un conflicto familiar: Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia. Pero Jesús no respondió como él esperaba: Hombre, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre vosotros?Después comenzó a enseñarles verdades eternas: Guardaos de toda clase de codicia. Le estaba respondiendo: «tu problema no te lo resuelvo; pero escucha lo que te digo, y sabrás resolverlo tú solito». ¡Bravo!

Jesús no vino a pensar por nosotros, sino a redimirnos. Tampoco la Iglesia está en el mundo para dar respuesta a cuestiones temporales, sino para mostrarnos el camino del Cielo. Ella os dirá lo que os acerca a Dios y lo que os aleja de Él; pero no os dirá a qué partido político debéis votar, ni cuál es la solución a los problemas económicos de un Estado. Lo mismo sucede con la dirección espiritual: el sacerdote te mostrará cómo acercarte a Cristo, pero no le preguntes dónde debes ir de vacaciones. Y, si te lo dice, no le hagas caso. Ni la Iglesia, ni el sacerdote, pueden suplir tu inteligencia y tu libertad. Después de haber escuchado la enseñanza, tus problemas debes resolverlos tú solito.

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