La importancia de ser pequeño

Todos queremos ser importantes. Y el que diga que no, miente. Puedes llamarlo autoestima, si prefieres. Pero tú también quieres ser importante. No somos tan distintos de los apóstoles:

Se suscitó entre los discípulos una discusión sobre quién sería el más importante.

Hasta ahí, no hablamos más que de la condición humana. Pero también es necesario decir que hay distintas formas de ser importantes. Y eso es lo que diferencia a los adultos de los niños. El adulto quiere ser importante por sus méritos. Y procura, para lograrlo, ser más que los demás, saber más, tener más o aparentar más. Su forma de ser importante consiste en ser grande, más grande que el resto. El niño, sin embargo, es importante por su pequeñez: suscita ternura, y devuelve al adulto a la niñez, con lo cual se gana su corazón.

El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí acoge al que me ha enviado. Pues el más pequeño de vosotros es el más importante.

Ojalá suscites la ternura de Dios por tu desvalimiento, y devuelvas a los adultos a la niñez por tu inocencia. Entonces serás importante para Dios.

(TOI26L)