La escalera

Cuenta san Marcos, de aquella mujer, que era pagana, una fenicia de Siria. Pero, ante Jesús, esta pagana venció, en humildad, al hijo pródigo de la parábola del Señor. Porque, si aquel hijo estuvo dispuesto a ser tratado como un jornalero, esta mujer acepta ser tratada como un perro. Por eso, ambos fueron ensalzados por encima de sus méritos.

Supón una escalera que se extendiera bajo tus pies hacia lo hondo de la tierra, y que estuviera formada por cien peldaños, siendo el más profundo la verdadera medida de tus pecados. ¿Hasta dónde estás dispuesto a abajarte? ¿Cuánto pecado estás dispuesto a reconocer en tu vida? Por ti mismo, quizá descendieses –digamos– veinte peldaños. Si son otros quienes te empujan, al denunciarte tus faltas, puede que no estuvieras dispuesto a descender ni siquiera dos. Una cosa es que yo diga que soy soberbio, y otra muy distinta es que me lo reproches tú (ya sabes).

Lo grande de esta mujer es que Jesús la llevo al peldaño 100 cuando la llamó perrito. Y ella, por su pie, descendió al 120: También los perros, debajo de la mesa… De perrito a perro van, al menos, veinte peldaños.

¿Cuántas almas hay así?

(TOP05J)