La demoscopia y la verdad

La demoscopia no la hemos inventado nosotros. Incluso Jesús realizaba sus sondeos. Le bastaba preguntar a los discípulos, quienes estaban muy al corriente de los dimes y diretes de los pueblos.

«¿Quién dice la gente que soy yo?». Ellos contestaron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros dicen que ha resucitado uno de los antiguos profetas».

Si yo hago la misma pregunta, seguro que encuentro incluso a quien me dice que Jesús de Nazaret fue un extraterrestre enviado para dejar a los terrícolas con la boca abierta.

Pero nada de eso cambia la realidad. Jesús no hacía esas preguntas para satisfacer los deseos de la gente, sino para probar a los discípulos.

«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Pedro respondió: «El Mesías de Dios».

Bendito Pedro. No escuchaba a los hombres, sino al Dios que le susurraba la verdad en lo profundo de su corazón. Sabía que las corrientes de opinión no fabrican la verdad. Y que, si uno quiere conocer la verdad, no debe escuchar a los hombres, sino a Dios.

¿Quién eres tú? Tú no eres lo que los demás piensen de ti. Eres lo que eres delante de Dios. Nada más. Y nada menos.

(TOI25V)