La Cuaresma es Cristo

vocaciónSi me pedís que defina la Cuaresma con una palabra, no diré «conversión». Diré «Cristo». La Cuaresma es Cristo. La conversión viene después.

Vio Jesús a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos.

La vida de aquel hombre, hasta entonces, necesitaba muchas palabras para ser descrita: dinero, placeres, prestigio, trabajo, amigos… Pero, un buen día, de forma inesperada, Jesús pasó por su telonio.

Y le dijo: «Sígueme». Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió.

Jesús, con una mirada y una palabra, se apoderó completamente de su vida. Y, a partir de ese momento, Mateo pudo decir, como Pablo: Para mí, la vida es Cristo (Flp 1, 21).

Si, durante cuarenta días, ayunamos y nos mortificamos, lo hacemos para dejar atrás todo lo que sobra, y quedarnos a solas con Él. Él es nuestra Cuaresma. Y de poco servirían ayunos y penitencias si no van acompañados de más oración, más lectura del Evangelio, más diálogo interior con el Señor, y más, mucha más intimidad con Él.

No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan.

Ya lo ves: primero es la llamada; después la conversión. Y, entre ambas, tu respuesta.

(TC0S)