La conversión de Zacarías

Los nueve meses de silencio de Zacarías obraron en él una auténtica conversión. Aquel sacerdote de la antigua alianza, al ver sus labios sellados por la fuerza de un ángel, se adentró en su interior y atisbó el sacerdocio nuevo, por el que sería redimida la Tierra.

La prueba es que, tras negarse a llamar a su hijo con el nombre esperado por sus familiares, siguió rompiendo las expectativas de los suyos. Al recuperar el habla, sus labios prorrumpieron en alabanzas al Señor. Pero, contra todo pronóstico, aquellas alabanzas no tienen como origen el nacimiento de Juan, a quien sólo tangencialmente se refiere en su canto, sino la próxima y cercana llegada del Mesías. No olvidemos que la Virgen estaba presente en aquel momento, y que en su vientre ya moraba el Hijo de Dios.

Dios –dirá Zacarías, en clara referencia a la Visitación de María– ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación… Nos visitará el sol que nace de lo alto. Todo ello va referido a Jesús.

No te deleites si te alaban; sólo Dios es digno de alabanza. Sé humilde, y serás visitado por la Mujer capaz de dar a luz al Sol.

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“Misterios de Navidad

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