La carrera truncada de un influencer

Facebook tiene 2.500 millones de usuarios. 2.500 millones de personas en el mundo buscan denodadamente «likes».

A Jesús le ofrecieron, de golpe, millones del «likes» si publicaba al gusto de aquellos judíos: Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no? Cuatro «likes» por adelantado, y los que te esperan si animas al pueblo a la insumisión fiscal.

Pero la libertad interior del Señor estaba muy por encima de ataduras terrenas: Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Así se truncó la carrera de un «influencer» que prefirió ser llevado a una cruz entre gritos que clamaban por su muerte.

Cristo nunca quiso agradar a los hombres, sino a su Padre. Y nos enseñó que amar al prójimo no siempre significa darle la razón o buscar su aplauso, porque la razón es de Dios, y el único aplauso justo es el que a Él se dirige: Dadle a Dios lo que es de Dios.

Ojalá no busques más «like» que el del Señor. Y ya lo tienes. A Dios le gustas mucho.

(TOA29)