La ansiedad es el miedo a la muerte

Por tercer día, el evangelio se extiende describiendo un cataclismo universal.

Desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo

¿Pensáis que habla de un futuro lejano? Preguntad a cualquier farmacéutico por la cantidad de ansiolíticos que despacha cada día. La ansiedad se ha convertido en pandemia desde que los hombres dejaron de creer en el Cielo. Cercenado el horizonte de la vida eterna, se angustian ante lo que se le viene encima al mundo, ante la muerte. La muerte no es sólo la amenaza del final de la vida; es, también, el muro que convierte el tiempo en un bien escaso. Y las gentes se angustian porque saben que se les termina.

Levantaos, alzad la cabeza, se acerca vuestra liberación. En un mundo dominado por la ansiedad, los cristianos tenemos que ser testigos de vida eterna. Nuestros rostros alzados al Cielo, la esperanza que brilla en nuestros ojos, debería gritarle al mundo que la eternidad está abierta ante nosotros; que no hay que tener miedo; ni tampoco hay que tener prisa para nada, salvo para servir a Dios. Y esa prisa es muy alegre; no necesita ser aliviada con lexatín.

(TOI34J)